En Tepeyahualco, al noreste del estado, se extienden los restos de Cantona. Caminar por esta zona arqueológica permite reconocer algo más que edificios aislados: sus calzadas, plazas y pasillos muestran cómo se conectaban los distintos espacios de una antigua ciudad.
Uno de los datos que más llaman la atención es la cantidad de canchas de juego de pelota. El Instituto Nacional de Antropología e Historia registra 27 en Cantona. Algunas formaban parte de conjuntos arquitectónicos que también incluían plazas y otras construcciones, por lo que su presencia ayuda a entender cómo se organizaba el asentamiento.
El sitio tiene además terrazas escalonadas y vías de circulación que invitan a recorrerlo con calma. El INAH señala que 25 hectáreas están abiertas al público. Esa superficie permite apreciar la escala de la ciudad y detenerse en detalles que una sola fotografía difícilmente muestra.
Cantona es una opción para quien quiere conocer otra cara del pasado prehispánico de Puebla. Su interés está en el conjunto: los caminos que aún pueden recorrerse, los espacios donde se reunían sus habitantes y las numerosas canchas que siguen siendo uno de sus rasgos más sorprendentes.






