Para muchas personas, las celebraciones relacionadas con los muertos comienzan hasta finales de octubre. Sin embargo, algunas tradiciones de Puebla colocan el inicio mucho antes: el 29 de septiembre.
La fiesta de San Miguel Arcángel funciona en distintas comunidades como una fecha simbólica relacionada con el comienzo de la temporada de ánimas y la preparación para las celebraciones de Todos Santos.
En regiones de la Huasteca y otras comunidades del centro de México existe la costumbre de preparar desde esta fecha altares sencillos, encender copal y colocar alimentos como tamales, café, chocolate, maíz y frijol.
La tradición también se relaciona con la flor de pericón, que suele colocarse en forma de cruz como símbolo de protección.
En Puebla, la fecha tiene especial presencia en municipios y localidades donde San Miguel Arcángel es venerado. San Miguel Tzinacapan, en la Sierra Norte, por ejemplo, realiza celebraciones entre el 28 y el 30 de septiembre con procesiones, música y danzas tradicionales.
Estas expresiones muestran cómo el calendario religioso se entrelazó con prácticas comunitarias y agrícolas que continúan formando parte de la identidad de diferentes regiones poblanas.






