Para las familias de Huaquechula, la preparación de Día de Muertos comienza mucho antes de noviembre. Una de sus expresiones más conocidas es la ofrenda nueva, dedicada a una persona fallecida durante el último año.
Un estudio del INAH describe altares que pueden alcanzar aproximadamente tres o cuatro metros de altura. Su elaboración reúne a familiares y personas cercanas, quienes preparan los elementos con los que recibirán simbólicamente al ser querido. Las flores, el copal y el camino hacia la ofrenda forman parte de ese encuentro.
Aunque los altares atraen visitantes por su tamaño y belleza, su sentido principal está en la vida de las familias que los levantan. En Huaquechula, la tradición es una manera de recordar a una persona, acompañar a quienes la extrañan y abrirle de nuevo un lugar en casa.






