De acuerdo con el Servicio Sismológico Nacional, hasta la mañana de este 16 de enero, se han registrado 4 mil 700 réplicas del sismo del pasado 2 de enero.

16 de Enero 2026
A catorce días del sismo de magnitud 6.5, un nuevo movimiento telúrico volvió a sacudir el municipio de San Marcos, reavivando el temor, la incertidumbre y el desgaste emocional entre habitantes que, ante el riesgo de réplicas, continúan durmiendo fuera de sus viviendas.
Aunque el nuevo temblor no fue de gran magnitud, para la población representó un recordatorio constante del peligro, especialmente para familias cuyas casas presentan daños estructurales y que aún no cuentan con dictámenes definitivos sobre la seguridad de sus inmuebles.
Vecinas y vecinos relatan que muchas personas han optado por pasar las noches en patios, calles o espacios abiertos, improvisando refugios con lonas, cobijas y cartones, ante el miedo de que sus viviendas colapsen durante otro movimiento.
La situación se ha vuelto particularmente complicada para adultos mayores, niñas, niños y personas con enfermedades, quienes enfrentan las bajas temperaturas nocturnas, la falta de condiciones adecuadas para descansar y el impacto psicológico de vivir en alerta permanente.
Habitantes de San Marcos señalaron que, si bien hubo presencia de autoridades tras el sismo inicial, el apoyo ha sido insuficiente o lento, por lo que temen quedar fuera de la atención prioritaria conforme pasan los días.
“Lo que pedimos es que no nos dejen en el olvido”, expresaron pobladores, quienes solicitan evaluaciones estructurales, apoyos para la reparación de viviendas y acompañamiento constante de las autoridades estatales y federales.
Especialistas en protección civil recuerdan que, tras un sismo de esta magnitud, es normal que se presenten réplicas durante semanas o incluso meses, lo que incrementa la ansiedad en comunidades afectadas y refuerza la necesidad de información clara y presencia institucional.
Desde el ámbito social, organizaciones han advertido que el impacto de los sismos no termina con el movimiento, sino que se prolonga en la forma de estrés postraumático, incertidumbre económica y deterioro de la calidad de vida.
La población también ha pedido brigadas técnicas que revisen viviendas, escuelas y espacios públicos, para determinar cuáles estructuras son seguras y cuáles requieren intervención inmediata o reubicación temporal de familias.
Autoridades de Guerrero han informado que se mantienen monitoreos sísmicos y recorridos de supervisión, aunque los habitantes insisten en que el apoyo debe ser más visible y constante en comunidades como San Marcos.
Analistas en gestión de riesgos subrayan que la atención post-sismo debe contemplar no solo la reconstrucción material, sino también apoyo psicológico, comunicación permanente y seguimiento comunitario, especialmente en municipios con alta vulnerabilidad.
Para muchas familias, el temor no es solo otro temblor, sino la posibilidad de quedar fuera de los censos y apoyos, como ha ocurrido en otros desastres naturales cuando la atención se diluye con el paso del tiempo.
El llamado de la población es claro: no ser olvidados, recibir atención integral y contar con soluciones que les permitan regresar a sus hogares con seguridad o, en su caso, acceder a apoyos para reconstruir.
Mientras tanto, San Marcos vive entre la incertidumbre y la resistencia, con comunidades que, pese al miedo y las dificultades, continúan organizándose y levantando la voz para exigir atención y acompañamiento tras el sismo.






