La salida de Emiliano Gómez del Club Puebla no solamente representa una baja deportiva para La Franja, también dejó una operación millonaria para el conjunto poblano.
El atacante uruguayo fue transferido a Tigres en una negociación que rondó los 6 millones de dólares, después de que el club regiomontano buscara reforzar su ofensiva antes del cierre del mercado de fichajes.
Gómez firmó un acuerdo por cuatro años con el conjunto felino y dejó Puebla después de convertirse en una de las piezas más productivas del equipo durante su estancia.
El delantero llegó a La Franja procedente de Boston River y terminó su etapa con 17 goles y siete asistencias en 70 partidos, números que ayudaron a elevar su valor dentro de la Liga MX.
La operación es relevante para un Club Puebla acostumbrado durante los últimos años a desarrollar, recuperar o incrementar el valor de futbolistas para posteriormente negociarlos con otros equipos.
Sin embargo, la venta también dejó una pregunta deportiva.
Al momento de concretarse la negociación, Puebla enfrentaba problemas en su ataque debido a lesiones y a la reducción de opciones disponibles en el plantel, por lo que la salida del uruguayo obligó al cuerpo técnico a reorganizar su ofensiva.
Tigres, en cambio, incorporó a Gómez como su cuarto refuerzo de ese periodo de registros y lo sumó a un plantel construido para competir nuevamente por los primeros lugares.
Para Puebla, la transferencia representa una entrada económica considerable, pero también la pérdida de un jugador que había logrado convertirse en uno de sus referentes ofensivos.
La operación vuelve a mostrar una realidad del futbol mexicano: para clubes con presupuestos menores, formar o revalorizar jugadores y venderlos a equipos con mayor capacidad económica se ha convertido también en parte del modelo de negocio.






