Cada año miles de millones de aves recorren enormes distancias entre continentes para reproducirse, buscar alimento o escapar de condiciones climáticas extremas, pero muchas de esas poblaciones están disminuyendo.
Una evaluación internacional que analizó el estado de más de 3 mil 380 especies de aves migratorias encontró que más de la mitad presenta tendencias poblacionales negativas.
Entre las amenazas identificadas se encuentran la pérdida y degradación de hábitats, especies invasoras, contaminación, pesticidas, caza, comercio de animales, redes de pesca y colisiones contra edificios.
El problema es especialmente complejo porque las aves migratorias no dependen de un solo ecosistema.
Una misma especie puede utilizar zonas de reproducción en un continente, realizar escalas en diferentes países y pasar varios meses del año en otro extremo del planeta.
Esto significa que proteger únicamente el sitio donde anida no necesariamente garantiza su supervivencia si pierde lugares fundamentales durante el resto de su recorrido.
Los investigadores también destacan que actualmente existen herramientas más precisas para estudiar sus movimientos.
Dispositivos de rastreo cada vez más pequeños, análisis genéticos, redes de radiotelemetría y plataformas de ciencia ciudadana permiten seguir rutas migratorias que hasta hace pocos años resultaban prácticamente imposibles de documentar.
La información puede ayudar a identificar los puntos donde las acciones de conservación tendrían mayor impacto antes de que más especies entren en categorías de riesgo.
Las migraciones siguen siendo uno de los fenómenos naturales más impresionantes del planeta, pero conservarlas requiere proteger una red de ecosistemas que atraviesa fronteras y países completos.






